
Reflexión
El dolor y las huellas en la arena
Antes de pasar a otro tema, creo que más allá de tomar partido por alguno de los protagonistas, o de preguntarnos si se trató de un sueño convertido en pesadilla o de un hecho real fabulado, tomémoslo así, sin demasiados interrogantes.
Sin importar si se trata de un relato onírico, inventado o real, la forma de terminar se parece a algo que más gente de la pensamos le sucede, que se queda enganchado con una relación del pasado y que muy poco cuestionable que le reserve un lugar en sus sentimientos, en su mente y que hasta la materialice en la vida real.
Simplemente porque somos seres emocionales, y en algunos casos se trata de la elaboración del duelo, situación que no solamente puede comenzarse con la desaparición física de la otra persona.
Mientras hay vida, hay esperanza. Todo puede suceder.
La propuesta es analizarlo en función de la educación de cada uno, que coincidentemente fue confesional y que con sus diferencias ambos mantuvieron una vida ligada a la Iglesia Católica.
Dicha Institución, como tal, no establece diferencias expresas entre amistad y amistad intensa y tampoco deberá admitir las relaciones externas emocionales, aunque dentro del ámbito estrictamente humano parecería que alguna diferencia debería existir entre el enamorarse de un tercero, que en definitiva es algo casi inmanejable, es el desarrollo de un sentimiento realmente incontrolable y el vincularse sexualmente, por una simple atracción física y nada más.
Quien se vincula emocionalmente como aparentemente habría sucedido en este caso por ambos, lo hacía partiendo de una diferencia fundamental y estaba dado por el riesgo que la situación llevaba implícito, que era muy distinto (?) para cada uno:
El que aparentemente sufrió el cese con mayor intensidad fue casualmente el que mayores riesgos asumía y hasta en algún momento, aun sabiendo que lo que estaba haciendo no era muy destacable, un poco se quejó por su destino, máxime cuando su vida en ese momento no era precisamente un jardín de rosas.
Con estos antecedentes, en una u otra parte de nuestra prolongada charla y con esta situación como telón de fondo, Gustavo me preguntó: ¿A vos te parece justo que con todo lo que me jugué me pasé esto?, quejándose de la suerte, del destino, de las actitudes ajenas, de la poca empatía y en ese momento pensé: ¿No habrá sido esa fuerza inmaterial, para algunos llamado destino, para otros presencias, para otros Dios, quien hubiera obrado para evitarle problemas gravísimos por una fantasía, una ensoñación, una idealización mantenida y acrecentada en el tiempo?.
Quizás más que estar ofendido con la vida, debería estar agradecido, ya que los problemas se le habían solucionado sin ningún esfuerzo, sólo con un malestar y un dolor más o menos pasajero que a la brevedad le deberá remitir, al menos teóricamente debería ser así
En ese momento me acordé de un texto hermoso, lo busqué y se lo pasé para que lo leyera tantas veces como fuera necesario hasta que entendiera que más que estar enojado con la vida debía estar alegre y agradecido, es el siguiente y lo comparto para que en situaciones como esta o en otras lo tengamos presente, seguramente nos será de mucha utilidad.
