Capítulo VIII

Llegó el Final

TIEMPOS DE DECISIONES. SE ACERCABA "EL" FINAL (no cualquier final)

Tiempo después retomaron el vínculo, siguieron avanzando y acosados por razones de índole moral hicieron un pacto de sangre: en el mismo fin de semana darían por terminadas sus relaciones preexistentes.

Si bien la decisión estaba lo suficientemente analizada y acordada demoraron un tiempo ya que no encontraban el momento oportuno para avanzar, hasta que con algunas semanas de diferencia los temas quedaron resueltos.

En realidad, no muy bien resueltos ni sin inconvenientes, pero nunca supusieron que el camino a la felicidad estaría tapizado por pétalos de rosas.

Contra todo pronóstico, desafiando al destino, jugándose por una fantasía, decidieron volver a seguir el camino que les indicaba, metafóricamente, el corazón, así fue que se jugaron:

El otro acuerdo al que habían llegado era que cada uno viviría en su casa ya que ambos concordaban en que la rutina no les había funcionado en el pasado reciente y no tan reciente y que serían respetadas a rajatabla las individualidades de cada uno, sus amistades, sus actividades no necesariamente deberían ser compartidas aunque podrían serlo.

Se pactó que el celo no podía tener cabida, ya que cada uno había tomado decisiones demasiado trascendentes con absoluta libertad y harían uso de esa misma libertad en el futuro.

De convivir ni se hablaba, Isa había dicho muchas veces que convivencia se la había llevado a marzo y por los resultados aun la tenía previa, con escasas ganas de retomar los estudios..

El experimento funcionó durante bastante tiempo, Isa hacía mucho deporte, Gus escribía y atendía consultas relacionadas con su profesión.

El tiempo fue pasando muy velozmente, los 50 años de no verse devolvían una realidad distinta a la de la despedida adolescente, y hasta a la del inicio de la nueva aventura, ya los días en una casa y los días en otra fueron pasando, dejando lugar a más tiempo juntos y menos actividades externas hasta que llegó el momento de una nueva decisión, vender las casas y comprar la estadía en una Residencia donde fueran atendidos (casi) como reyes y luego de varias objeciones familiares finalmente hicieron su voluntad, su capricho de viejos según sus hijos pero cumplieron su sueño, que como el de muchos era envejecer juntos y con dignidad.

Algunos años en la Residencia de los Sueños, les devolvieron la alegría.

¿Habrá sido esta la mejor decisión?, Como tantas otras que habían tomado no contaban con el beneplácito de sus círculos más íntimos, pero era "su" decisión y el resto no era importante.

El lugar elegido era en la afueras de la ciudad, una superficie inmensa con una arboleda frondosa, un arroyuelo con pequeños peces y una laguna artificial completaban un paisaje afrodisiaco.

Cancha de bochas, mini campo de golf, gimnasio, salón con juegos de salón, un gran comedor con vista al parque y las habitaciones en 3 niveles con ascensor, y aunque las dimensiones eran reducidas, tenían lo necesario para una vida tranquila, baño, office, dormitorio y una mesa adaptable como escritorio y poco más, tampoco era necesario, la idea era que pasaran el día al aire libre y en comunidad.

Ese contenedor revestido y perfectamente equipado, acondicionado e insonorizado permitía charlas hasta la madrugada o escuchar la televisión alta que no molestaban a nadie.

Así pasaban varias veladas descubriendo que el romanticismo ya no era el de antaño, que se respetaban las individualidades y los gustos y muchas noches las terminaban con una copa y un brindis.

Durante el día no estaban pegoteados, con lo cual los momentos de salir a caminar por el parque eran memorables, cuentan otros residentes que nunca los vieron discutir, lo que no significa que siempre estuvieran de acuerdo, pero era más que obvio que la elección de mudarse juntos a un lugar no tuvieran que preocuparse por hacer las compras, lavar, planchar, arreglar enchufes o cambiar los cueritos de las canillas les dejaba tiempo para relacionarse con otras personas y compartir tiempo juntos, sin preocupaciones.

Felices en la Residencia.
Felices en la Residencia.

Poco quedaba por descubrir, Isabella cantaba en el coro con su voz melodiosa y Gustavo preparaba los postres para las fiestas, se entretenían, disfrutaban, cada cual haciendo lo que más le gustaba y cada reconocimiento era motivo para un festejo, quizás ir a merendar afuera o sacar fotos de cada momento y publicarlas en sus redes, algo que se había convertido en un clásico.

Caminaban por el parque de la Residencia tomados de la mano, como lo habían hecho en la juventud, paraban, se sentaban en alguno de esos bancos fríos de cemento, ahí charlaban, se reían como dos adolescentes recordando historias del pasado y hasta hacían planes para el futuro.

Al tiempo, un domingo como tantos otros, vinieron a visitarlos los hijos y nietos de Isa y la sorpresa fue mayúscula, no era habitual manifestación lo que generó algunas dudas respecto de la motivación.

Enseguida se reveló el motivo, esta relacionado con su cumpleaños y la venían a invitar a hacer un viaje a Europa, ella se emocionó, se los agradeció pero quedó en contestar, quería hablarlo con Gus, ya que intuía que el tema le gustaría menos que un bife de hígado crudo.

Con cierto prurito se lo comentó y para su sorpresa él le dijo; "Te perdiste el viaje de egresada a Bariloche por pasar ese tiempo conmigo, dos veces no te niegues al destino," ella lo abrazó como aquella vez tiempo atrás en la puerta de la casa, se comunicó con los hijos y les dijo que iría, porque la propuesta le encantaba, era una apasionada por los viajes y aparte había recibido el impulso y el respaldo de Gus, quien sabía de los gustos de ella casi mejor que ella misma, con lo cual la despedida fue no muy triste, quizás porque era sólo por un mes, un breve tiempo para Isa, una eternidad para Gus, quien sufrió muchísimo su ausencia en silencio.

Pensamientos muy tristes, reminiscencias de un pasado no tan lejano pero muy tortuoso, miedo a la soledad, noches eternas, despertares muy tristes, ganas de escribirle por whatsapp, una situación tortuosa, un recuerdo permanente, contaba los días que faltaban para el regreso como los presos cuentan los días para obtener la libertad, sabía que su planteo era exagerado pero así se sentía,

A punto de comenzar la tercer semana de ausencia, lo llamaron de la Dirección de la Residencia, algo que en general nunca sucedía, salvo en caso muy especiales, lo vino a buscar una empleada y al verlo un poco excitado, tembloroso, angustiado trató de tranquilizarlo diciéndole que no había ningún problema ni malas noticias, y haciéndose la intrigante le adelantó que estaba segura que saldría de la Dirección alegre y con ganas de vivir,

Con una sonrisa forzada y la voz titubeante le dijo: Si, seguro si vos me lo decís, así será.

Al llegar a la Dirección, Gus temblaba como una hoja, la enfermera golpeo y desde adentro se escuchó la voz ronca del Director que dijo: Pase ! y al abrir la puerta Gus por poco se desmaya-

Antes del plazo previsto Isa había regresado..

Al verlo lo abrazó como aquella vez en la puerta de su casa cuando se reencontraron luego de 50 años de no verse, y llorando, pero esta vez de alegría, le dijo a Gus, "...  Europa es muy lindo, pero mi vida está aquí,  caminando de tu mano por el parque de la Residencia, en el banco bajo el árbol donde nos sentamos a contarnos una y mil veces las historias de un pasado que se nos interrumpió sólo "por un rato", está en la mesa del salón jugando al Burako y disfrutando de los postres que me preparás, cada día uno distinto, cada día uno más rico, esas son las cosas que me hacen sentir feliz, que me agregan más vida a mis años mucho más que la Torre Eiffel, la Puerta del Sol, más que los tulipanes de Holanda y los canales de Venecia."

"Que aquí y ahora este es mi lugar en el mundo, nuestro lugar, que si no hubiera sido por un cigarrillo o por un intercambio de mensajes y noticias que no llegaron la realidad debería haber sido diferente para ambos y que no había tiempo para perder el tiempo", 

"Que sin necesidad de cargar las tintas con nadie, simplemente por un destino que nos había jugado una mala pasada, que quizás fue necesario tanto sufrimiento para disfrutar de este presente inimaginable antes de ese mail en el que simplemente me decías: Feliz cumpleaños." 

Como Gus no siempre usaba los audífonos, Isa cuenta que ella debió levantar las voz en la Dirección de la Residencia, la que quedaba pegada al salón donde todos estaban esperando el momento del reencuentro, hasta una enfermera había venido por las dudas fuera necesaria y al final se fundieron en un beso con anciana pasión, el que se terminó cuando los demás residentes, que habían escondidos habían participado de la conversación, comenzaron a aplaudir.

Gus se sonrojó de vergüenza y ella le guiño un ojo a la enfermera compinche que había sido testigo  de toda la situación.

Caminando por el parque.
Caminando por el parque.

Mientras Gus pedía otra vuelta de café continuó con el relato, me dijo que: "en ese momento me desperté y  descubrí que todo no había pasado de un sueño, que de tanto pensar en el amor de mi juventud, de mi vida,  había tenido un sueño que esta vez y a diferencia de muchas anteriores no terminó en una angustiante pesadilla."

Ni mail de cumpleaños, ni reunión, ni apasionamiento, ni Residencia, ni viaje, ni regreso adelantado, el inconsciente le había hecho una gambeta a la realidad, tal como sucede tantas veces.

Me lo había contado con tantas descripciones, muchas que no figuran en este relato, que había logrado emocionarme, que hasta se me enfrió el café y ni me di cuenta.

Quedé atónito, sólo me anime a hacer una pregunta, que fue la siguiente: ¿Alguna vez te había pasado algo similar?

Se sonrió y me contestó: En 50 años no te imaginás la cantidad de veces que tuve sueños parecidos, algunos terminaron bien y otros muy mal y hasta he vivido en la realidad otras situaciones que prefiero ni recordar.

Quedamos en volvernos a encontrar, como hacíamos habitualmente y después pasaba un año sin vernos, pero esta vez sería distinto, el encuentro lo provocaría yo.

Él se marchó con su paso firme, se subió a su coche, emprendió la marcha con cara de alegría, seguramente por haber recreado su sueño y me quedé con las ganas de preguntarle por Isabella, otra vez será.

Algunas amistades funcionan así, algunos sueños son así.

Sigmund Freud, sostenía que los sueños existen para satisfacer los deseos que cada persona tiene, o que pueden ser también un reflejo fiel y simbólico que se adueña de la mente, de los sueños y anhelos del ser humano.

El terminar el relato tranquilo, feliz, es la muestra cabal que su sueño, sostenido y repetido en el tiempo le sigue brindando la ilusión que algún día se convierta en realidad.


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