
II° - Cap III
SE ACERCABA EL ENCUENTRO
Tuve la sensación que se había quedado con ganas de más, pero no quise convertir una simple curiosidad en una obsesión inconducente, me dediqué a lo mío y con el tiempo, cada día un poco más me fui olvidando del tema.
Pero como dice el Martín Fierro: "El diablo sabe por diablo/ Pero más sabe por viejo", con sólo mirar mi DNI no hay dudas de la sabiduría que dan los años.
Llegó un 9 de Julio y recibí un WhatsApp que decía textualmente: "Feliz Día de la Independencia" el que obviamente era de Isa y no tuve la menor duda que era un pedido de pista, le había picado el bichito y no dudé en contestarle al toque, con un seco y premeditado: Muchas gracias, igualmente para ti, esperando un nuevo mensaje que abriera el diálogo.
Ya que si quería pescado, que se moje.
Porque estaba seguro, pero no tan seguro, que quería hablar y no quise quemarme.
Al rato me contestó; ¿Estas ocupado, enojado o te comprometo que me contestas te así?. Si te molesta no te escribo más.
Le contesté que no, que estaba muy compenetrado en lo que estaba haciendo, que tenía una respuesta tipo y sin detenerme en el emisor lo mande y listo.
Que en prueba que no tenía ningún problema la invitaba a tomar un café y charlábamos un rato, que hacia un tiempo que no sabía nada de ella, su respuesta no se hizo esperar: Ok, cuando puedas y quedamos para esa misma tarde.

Nos encontramos y después de un rato de hablar de la nada misma, me dijo que se había quedado pensando en nuestra última charla y comenzó a hacerme más preguntas hasta que en un momento le dije, "vos estás en pareja, él está casado, ambos están muy conectados con los valores morales que pregona la Iglesia, están en las antípodas del pensamiento ideológico, cada uno ha encontrado la felicidad en su zona de confort, tu vida es el deporte al aire libre, largas caminatas, el baile, él la lectura y camina menos que un piojo en el alquitrán y fundamentalmente él no cree en la amistad entre el hombre y la mujer, mucho menos si hay temas pendientes y vos amás la libertad.
Pensé que mi argumentación podía ser suficiente para alejar cualquier fantasía de una conexión, pero me equivoqué,
Me dijo que tenía un mail suyo, que le escribiría y si no le contestaba le mandaría un mensaje por WhatsApp para lo cual me pidió su celular.
Dudé un momento, y se lo terminé dando, no era mi problema, ya ambos eran grandes y sabrían que hacer, no era yo quien debía tomar partido.
Antes de irnos me preguntó: ¿Conocés la Leyenda del Hilo Rojo? Le dije que no, esperando que me la contara, pero con una sonrisa pícara me contestó :googlealo, te va a gustar y quizás entiendas algunas cosas
Nos despedimos y se fue, cada uno se llevaba algo de ese encuentro, ella una ilusión, yo el compromiso de interiorizarme de la Leyenda.
