
II° - Cap IV
OCURRIÓ LO PREVISIBLE
A esta altura de los acontecimientos, viendo tantas coincidencias entre lo que Gus me había contado y lo que yo mismo estaba sacando como conclusiones, realmente no tenía muy en claro que parte del relato había sido cierto, cual inventado y cual apenas un sueño.
Con Isa pude ir ratificando cada una de las particularidades que Gus me había comentado y si bien inicialmente me costó entender como quien amaba tanto la libertad al extremo era, en algunos aspectos tan poco liberal, con lo cual me traía al recuerdo a un dirigente gremial del que terminé haciéndome amigo que políticamente se definía como Anarco-conservador de izquierda.
Inicialmente me hacía ruido eso de haber logrado mantener una relación de pareja, sin convivencia, durante más de 10 años y a la vez gozar de una libertad intensa y autocontrolada, un verdadero descubrimiento, inentendible hasta que profundicé en el tema y pude entender, no era magia.
Pero descubrí una particularidad que no me había sido mencionada o al menos no recordaba y era la audacia, esa rara mezcla de osadía y temeridad, de atrevimiento y decisión, con lo cual no dudaba que en algún momento establecería contacto con Gus, que tal como era su costumbre era un saludador compulsivo y hasta me permitía adivinar cuando volvería a llamarla, sería para el Día la Primavera y en su defecto para el Día de la Madre, ya que conmigo también lo hace, cumpleaños, santo, Pascuas, Navidad, etc. y ya me había comentado que su lista de destinatarios era bastante extensa.
No le hacía mal a nadie y nadie podía molestarse por un saludo en un día especial. Simplemente era cuestión de esperar.

Pasó el día de la primavera y nada.
Llegó octubre, Día de la Madre y a la noche me llamó Gus, me comentó que la había saludado como siempre hacía y a diferencia de otras veces en esta oportunidad Isa le dio su celular para que siguieran comunicándose por WhatsApp, le dijo que siempre recordaba los tiempos de la juventud y él le contestó que la llamaría. Obvio, no se lo iba a perder. Antes se decía ¡Qué más quiere el bataraz que le aumenten las gallinas!
Gus estaba desbordante, parecía un niño un 6 de enero descubriendo que los Reyes Magos le habían traído la bicicleta que tanta ilusión le hacía.
Como no me dio detalles de sus llamados posteriores siempre guarde el secreto que unos meses antes era yo quien había hablado con ella y le había informado aspectos de su vida y de su situación afectiva y familiar
Con Isa no volví a hablar, Gus cada tanto me llamaba para contarme de sus conversaciones y de sus conflictos por la situación que estaba viviendo.
No era una doble vida, no era una relación de amantes ni siquiera carácter emocional, era simplemente una bocanada de aire fresco, nada ni mininamente pecaminoso, un encuentro de viejos amigos que tomaron caminos diferentes, un día se cruzaron e intercambiaron recuerdos de un pasado común. Pero que iba a más y ahí residía el peligro.
